| La casa de los Niños Expósito |
|
|
|
| Escrito por Celeste Baldino | |
| Saturday, 19 de May de 2007 | |
Y la historia se repite...
Para el que vive en Argentina, desea tener un hijo y no puede, la adopción que parece ser la salida más natural es, a veces, la mas dolorosa. Los trámites para llegar al ansiado momento de recibir un bebé son largos y engorrosos, al punto que muchas parejas se preguntan si el desgaste vale realmente la pena. Los voluntariosos que soportan estoicos el largo y penoso proceso dicen que el sufrimiento y la espera bien lo valen. La duda que surge es: ¿Porqué cuesta tanto adoptar en nuestro país si los niños en los hogares sobran?. El problema es que el tiempo que transcurre entre que un niño entra a una institución y que está en condiciones de ser adoptado es tan largo que, no sólo crece, sino que se convierte en “no adoptable”. Muchas fundaciones y hogares reciben grandes sumas de dinero por niños bajo su cuidado, que sean adoptados implica una baja en el ingreso de la institución, hecho que resulta intrascendente si lo que se busca es un hogar acogedor y una familia cariñosa para estos pequeños. Que los padres dispuestos a adoptar estén en listas de espera y que los hogares para huérfanos rebosen de niños ¿es sólo una cuestión burocrática?. Según distintas investigaciones periodísticas realizadas durante 2001 y 2002 no hay ningún tipo de relación entre el dinero que reciben estos hogares per cápita y la atención, alimentación y cuidado que se les da a los huérfanos. La respuesta es simple: muchos se enriquecen durante el proceso, motivo por el cual, el tiempo transcurre y el bebé rozagante listo para ser adoptado se convierte en un infante huraño y descuidado, criado en condiciones de hacinamiento, clasificado luego como “no adoptable”. Durante distintas investigaciones realizadas en 2002 se comprobó que una de estas instituciones caritativas “de paso” cobraba 700 pesos provenientes del Estado por niño, pero al visitarlos se los notaba descuidados, demasiado delgados y vestidos casi con trapos. Según se comprobó la alimentación que recibían era deficiente, lo que significaba, a partir de los cálculos realizados, que sólo un pequeño porcentaje del dinero era destinado a su bienestar. Lamentablemente la historia nos enseña que el negocio de los hogares para huérfanos en nuestro país es larga y muy triste, signada por la desidia y escondida por el dinero de los mas poderosos desde fines del siglo XVIII. La creación del Virreinato de La Plata trajo consigo una gran inmigración española vinculada al comercio, de carácter urbana, con gran concentración de negros esclavos para uso y abuso de los mas adinerados. Las familias patricias se jactaban de tener bajo su mando esclavos serviles que nunca se mezclaban con los blancos sino para responder a sus necesidades. Pero muchas señoras de sociedad se vieron tentadas por esos hombres, tan distintos a ellas, destinados sólo a obedecer, y milagrosamente quedaban embarazadas de bebés mulatos, poco gratos a la vista para la imagen terrateniente. Como solución a este incipiente problema el 7 de agosto de 1779 a pedido de los vecinos y por intervención del Cabildo el virrey Vertiz, en Buenos Aires, fundaba la Casa de Niños Expósitos, hoy Hospital de Niños Pedro Elizalde, destinada supuestamente a socorrer a niños abandonados y especialmente a recién nacidos en riesgo de muerte. Esta institución fue publicitada como la primera destinada a la Protección de la Infancia. En realidad, el uso mas corriente que se le daba al lugar era como depósito se bebés que nacían fruto del adulterio entre mujeres casadas de la alta sociedad y sus esclavos. Los propios maridos, en algunos casos, se ocupaban de llevar a los recién nacidos a un sitio muy particular: el torno. Era el lugar donde se abandonaban los bebés y se depositaban en forma discreta, lejos de miradas curiosas que pudieran identificar a los progenitores. Consistía en un plato de madera que giraba y conectaba el interior del lugar con el paredón exterior, cuando un bebé era colocado en la tabla el depositante hacía sonar una campana que le avisaba al encargado del interior que debía girar la madera para recoger al pequeño. De esta manera el depositante y el empleado nunca se veían las caras. Las familias blancas eran blancas puras y los esclavos negros, negros pero la Casa de Niños Expósitos estaba plagada de mulatos sin apellido ni reconocimiento alguno, con dudosas posibilidades de ser adoptados. El 17 de abril de 1838 el torno quedó clausurado por 14 años pero el 20 de noviembre de 1852 la Sociedad de Beneficencia rehabilita la Casa de Expósitos, fundamentalmente por la valiosa colaboración de Mariquita Sánchez de Thompson. El torno de la vieja casa volvió a desempeñar su olvidada misión. Esta institución cumplió una doble función, recibir a los niños que tarde o temprano serían abandonados y ocultar los deslices de una clase social poco acostumbrada a aceptar las consecuencias de sus actos. El lugar se solventaba con la producción laboral que realizaban los niños mas grandes pero también recibía dinero del estado. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|



